17 agosto 2022

No conviertas tus rutinas en supersticiones

Edu

Te levantas temprano por la mañana para ir a trabajar.

Notas que hoy te pesan un poco los párpados... ¡Ay que a gustito estabas en la cama!

En fin, no queda otra, no puedes volver a la cama o llegarás tarde al trabajo.

No te la puedes jugar, ya eres mayorcito y tienes una familia que depende de ti. Tiras "palante".

Vas brevemente al cuarto de baño y de ahí directo a la cocina a prepararte un café.

Sabes que en cuanto empieces a oler el aroma del café recién hecho y te bebas el primer sorbito, serás otro. Sólo tienes que aguantar los cinco primeros minutos.

Siempre es así.

Con los ojos aún entrecerrados y una ligera sensación de falta de coordinación andas por el pasillo de tu casa a oscuras, para no despertar al personal.

Tú eres el que primero se levanta cada día y, aunque no te guste madrugar, en casa lo llevas casi con orgullo, tu particular medalla al honor.

La medalla al madrugador.

Llegas medio grogui a la cocina, enciendes una luz y vas directo a uno de los cajones que están encima de la encimera.

El del café.

Ya casi puedes olerlo...

¡Y qué bien va a oler!

Aún no has abierto el cajón y ya anticipas ese primer sorbito y lo bien que te hará sentir.

Parece mentira, ¡quién te ha visto y quién te ve!

Tú que hace nada bebías Nescafé calentado en el microondas.

Con el tiempo te has convertido en un snob del café. Ser cafetero es parte de tu identidad.

Sigues a varias páginas de café en redes sociales.

Has leído artículos sobre cada una las variedades que existen y sus características.

Sí, conoces las diferencias entre unas y otras, como se cultivan, el sabor de sus granos cuando preparas la bebida y esas cosas que sólo los expertos como tú conocéis.

De hecho, tus amigos te vacilan porque varias veces por semana posteas sobre lo mucho que te gusta el café y como tu café mañanero es "tu momento del día".

Eres el friki del café.

Todos los grupos tienen uno. Algunos tienen varios.

Eres el que le hace una fotito a su taza de café recién servido, la sube a Instagram, edita un poco los colores para que quede más artística y añade unos cuantos hashtags: #coffee, #coffeelover, #coffeetime, #caffiend

Lo dicho, quién te ha visto y quién te ve.

Volvemos a la cocina.

Estás medio grogui cuando te acercas a la encimera y abres el cajón que está encima.

El cajón del café.

Pero... espera un segundo.

¡¿Dónde está el café?!

No lo ves por ningún lado...

Empieza a cundir el pánico.

¡No puede ser, joder!

Buscas en otros cajones aunque sabes que ahí no va a estar, los segundos pasan como si fueran minutos, el tiempo se ha parado.

Ya visualizas la mierda de día que te espera.

¡NO QUEDA CAFÉ!

Ya lo has aceptado, ahora empieza el cabreo.

¿Pero cómo puede ser?

¿Quién se lo ha acabado y no ha dicho nada?

¡Me van a oír cuando vuelva del trabajo!

Siempre igual con esta gente... Si te acabas algo lo repones, o al menos avisas, joder.

¡Necesito mi café o no soy persona!

Ya te han estropeado el día.

Necesitas "tu momento", necesitas tu café.

Ahora no sólo no tienes ese chute de energía y ese aroma encantandor, sino que además estás cabreado.

Aunque, bueno, parece que el cabreo te está espabilando, algo positivo tenía que tener todo esto.

Ahora tendrás que comprarte un café en la cafetería de debajo de la oficina.

Pero no es lo mismo.

Loli es un encanto, pero su café es terrible. Sabe a tierra.

Hace años no hubieras podido diferenciar un café de otro, pero ahora sí, ¡y vaya diferencia!

No se pueden comparar el café de Loli con el que preparas tú en tu casa.

Nada que ver.

Menuda mierda de día te espera.

Empezamos mal el día.

Esta situación es relativamente común.

Tanto en cafeteros de pura cepa como en gente no tan puesta en el café, pero que lo sigue necesitando a primera hora para "ser persona" por las mañanas.

¿Lo peor?

No sólo el cabreo del momento, si no que para muchos sus rutinas son como un talismán, y si les faltan...

El día se va a la mierda.

Ya van con cara larga al trabajo, y cualquier cosa se la toman peor.

Están a la que salta. Van por la vida con la escopeta cargada, preparados para disparar a la primera de turno.

Y, para colmo, el mundo está en su contra ese día. Todos los tontos andan sueltos.

El que conduce pisando huevos y más perdido que una aguja en un pajar.

El tipo que va en el metro sin haberse duchado en una semana.

El compañero graciosillo que te hace un comentario sobre tu pelo nada más llegar a la oficina.

Todos los tontos andan sueltos ese día.

Otros días te importaría menos, pero hoy no has tomado tu café.

Si no te pasa con el café, es probable que te pase con otras cosas.

Todos tenemos algo que no nos puede faltar para que el día vaya bien.

Tenemos nuestros talismanes, nuestras muletas en las que apoyarnos cada día.

Si estás obligado a hacer determinadas cosas para sentirte en paz, ser productivo, o simplemente tener un buen día, dependes demasiado de esas cosas.

Has convertido tus rutinas en supersticiones.

Si dependes de tus rutinas para funcionar adecuadamente en tu día a día, es probable que tus rutinas te estén haciendo débil.

Y no es su culpa, seguramente no haya nada de malo en ellas y sean rutinas la mar de buenas y que te ayuden a disfrutar más de tus días e incluso a ser mejor persona.

Que te ayuden está bien, el problema es que las necesites.

Pero, ¿las necesitas o es tu percepción de que las necesitas lo que hace que las necesites?

Si no tomarte un café, te revienta la mañana, y con ello el día, algo falla en tu relación con el café. Y esa relación la determinas tú.

Si no te sientes en paz si no meditas X minutos cada mañana, o cada noche, la meditación se ha convertido en una muleta que necesitas para poder andar cada día.

Y ojo, todo lo que te ayude a ser mejor persona y/o tener una mejor experiencia vital, y que no sea nocivo para ti ni para el resto, es bienvenido.

Pero no dependas de ello.

Comentarios

  1. Todos tuvimos esos episodios con las rutinas del entrenamiento,,, lo importante es darnos cuentas que no es sano para poder disfrutar una actividad responsablemente para poder cumplir los ciclos

  2. Este mes me ha tocado trabajar doble, me queda el tiempo justo para preparar mis comidas del otro día. Hace unos años me hubiera rendido pero lo que me ha ayudado estos días es quedarme con lo esencial, disfrutar de los minutos de descanso y si algo no sale como planeaba buscar una solución inmediata, quizá no es la opción que preferiría pero es lo que me funciona.

  3. Identificada totalmente, y lo del café en casa!! No hay otro igual.. la mayoría me sabe como amargos .. así las ganancias aun no lleguen a donde deseas y que la casa no dependa de ti.. pero esa medalla de perseverante y madrugadora no me la quita NADIE.... jajaja. Excelente.

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